Al nacer, los niños están listos y programados para sentir emociones. Rodearlos de adultos cariñosos y que los apoyan en un entorno seguro, ayuda a los niños a ser sanos emocionalmente. A medida que los cerebros desarrollan las conexiones emocionales, los niños aprenden a calmarse, a concentrarse y a manejar los sentimientos fuertes, habilidades claves para el desarrollo de relaciones sanas. Usted puede compartir la información a continuación con los padres.

0 a 24 meses: Desde los primeros días, los niños pequeños sienten y expresan las emociones de manera intensa. Sonríen y ríen para mostrar la alegría, lloran para mostrar que están tristes, incómodos, o para señalar una necesidad. También pueden sentir estrés y ansiedad. Al acercarse a los 12 meses, los cerebros desarrollan emociones más complejas (por ejemplo, el miedo a los extraños). A los 24 meses, los niños ya han formado un apego fuerte a los cuidadores, lo cual puede dificultar la separación.

Usted puede hacer lo siguiente:

  • Use palabras de sentimientos y expresiones para ayudar a los niños a aprender las emociones.
  • Ayude a los bebés a reconocer las expresiones y rasgos de la cara, mostrándoles sus propias caras en el espejo.

Dos años de edad: Los niños pueden ser más conscientes de sus emociones y empezar a consolarse por sí solos con una cobija o juguete favorito. También pueden demostrar empatía hacia otros al consolar a un niño con algo que le hace sentir mejor como, por ejemplo, ofreciéndole un peluche o muñeca favorita. Puede que sigan mostrando las emociones fuertes a través del lenguaje corporal en vez de usar las palabras, ¡por lo que los niños de dos años de edad tienen fama por las rabietas!

Usted puede hacer lo siguiente:

  • Use palabras para describir sus emociones. “Te sientes frustrado porque tu hermano te quitó el crayón azul justo cuando lo querías usar”.
  • Lean juntos y señale las expresiones de los personajes mientras identifica la emoción que están expresando.

Tres años de edad: Usted verá que dar abrazos a los amigos después de que se lastimen u ofrecer algo que consuele a un hermano que está llorando son maneras en las que los niños empiezan a mostrar su preocupación por los sentimientos de los demás. Sus cerebros pueden empezar a guardar las palabras para expresar las emociones más sencillas, tales como sentirse “enojados” cuando las cosas no resultan como querían, o sentirse “felices” cuando reciben una sorpresa.

Usted puede hacer lo siguiente:

  • Ayude a los niños a desarrollar la empatía jugando a ser doctor con los peluches. ¿Cómo pueden dar consuelo? Déle una abrazo, diciéndole: “Espero que te sientas mejor”.
  • Hagan un juego de mímica (caras y gestos) para mostrar distintas maneras de expresar las emociones.

Cuatro años de edad: Los niños pueden empezar a entender de forma más profunda los sentimientos de los demás y por qué se sienten así. “Él está triste porque no le tocó columpiarse”. Las áreas del cerebro que se encargan del autocontrol pueden estar funcionando a todo dar cuando usted nota que los niños están empezando a estar más en control de sus sentimientos fuertes (respirando hondo para tranquilizarse en vez de gritar) y asignando palabras a los sentimientos fuertes: “Me siento triste porque mi torre se cayó. ¿Me ayudas a volver a construirla?”.

Usted puede hacer lo siguiente:

  • Haga un afiche que muestre las estrategias para manejar los sentimientos, tales como la respiración abdominal o pedir un abrazo.
  • Hágales sentir a los niños como superhéroes. Cuando surja un problema, dígales: “¡Esto parece un trabajo para Super(nombre del niño)! ¡Él lo puede resolver!”.

Cinco y seis años de edad: Los niños empiezan a entender que los amigos tienen sentimientos diferentes y les gustan cosas distintas: “Me gusta disfrazarme, pero a Amy, no”. Empiezan a manejar los sentimientos con éxito, respirando hondo y lentamente para tranquilizarse y sintiéndose más cómodos en nuevos entornos.

Usted puede hacer lo siguiente:

  • Practique estrategias para ayudar a enfocar y manejar las emociones, tales como darse un abrazo cuando necesita calmarse o hacer el gesto de observar algo con binoculares cuando quiere enfocarse en algo.