El vínculo afectivo entre niño-animal es algo bello de observar. Incluso las interacciones muy cortas y prudentes con los animales (no solo gatos o perros) pueden proporcionar tranquilidad, cordialidad, comodidad física y una sensación de aceptación incondicional.

Muchas mascotas han tenido momentos difíciles en el pasado pero cuando están rodeados de humanos amables y responsables, aprenden a confiar y prosperar. Esta es una situación que los niños pueden entender y puede inspirarlos. Como los niños, los animales no tienen las palabras para describir lo que les sucedió. Son excelentes oyentes que no emiten juicios, no hacen preguntas, no esperan respuestas ni etiquetan o juzgan.

Las calidad de la relación sana con los animales es similar a la relación con otros seres humanos: compartir, entender el lenguaje corporal y los límites, perdonar errores y tener en cuenta las necesidades y deseos de la otra persona. Cuando los niños desarrollan empatía y compasión hacia los animales, a menudo desarrollan esas mismas actitudes hacia los seres humanos y hacia sí mismos. Los animales nos pueden ayudar a preocuparnos por alguien más allá de nosotros mismos.

Los niños pueden aprender a confiar en un animal antes de que puedan confiar en otra persona. Un niño retraído puede comenzar a reírse y hacer preguntas acerca de un animal. Ver al perro de un vecino hacer un truco tonto, o sentir una cabra mordisqueando la comida en la palma de la mano reduce las inhibiciones y provoca risitas espontáneas, curiosidad y compromiso. Estas experiencias son un paso para permitir que un niño tenga relaciones más sanas con las personas.

Ya sea que los niños tengan o no un animal en sus vidas, las siguientes son algunas maneras de fomentar ese contacto:

Si los niños tienen una mascota en casa:

  • Los niños pueden susurrar sus sentimientos al oído o confiarle sus secretos. Los animales no traicionarán la confianza de los niños y pueden ser testigos de sus lágrimas.
  • Con la ayuda de un adulto, los niños pueden observar e interpretar el lenguaje corporal de la mascota, saber cómo se siente y hablar con usted del por qué. “Cuando las orejas del gatito están hacia atrás, puede significar que está asustado. ¿Crees que le tiene miedo a la aspiradora?”.
  • Puede ayudar a los niños a determinar un tiempo especial con la mascota, para una buena sesión de caricias y abrazos. El cariño trae consolación, y esa experiencia sensorial puede ser fundamental. Los niños también pueden cepillar a su mascota, jugar a simular o simplemente sentarse en silencio y escuchar la respiración del animal.
  • Aprender a leer aumenta la confianza en sí mismos. Para practicar, pueden leerle en voz alta un cuento a su mascota, incluso leerle el mismo cuento repetidamente.

Si los niños no tienen una mascota en casa:

  • Los niños pueden simular “que son” un león fuerte, un mapache inteligente, conejo hibernando cómodamente y otros.
  • Los animales de peluche pueden recordarle a los niños tiempos y lugares más tranquilos o más felices. Los niños pueden confiar en sus animales de peluche o participar en juegos imaginarios.
  • Al utilizar el animal favorito de un niño como inspiración, juntos pueden investigar, ver películas y leer ficción y no ficción sobre ese animal y hablar de su hábitat y características. Comparar en qué cosas las personas son similares y diferentes de los animales.
  • Observar de cerca animales, como pájaros, ardillas u hormigas, es un ejercicio para aquietarse, notar las pequeñas cosas y practicar la atención plena, lo que ayuda a calmar los sentimientos inestables. Usted podría preguntarle: “¿Qué está haciendo el animal?”. “¿Cuál de sus sentidos está usando?”. “¿Qué necesita?”.
  • Cuidar una planta o ayudar en la jardinería también es muy terapéutico.

Miren Brandeis y Hercules, los ayudantes de Sesame Street. Para obtener información acerca de tener un animal de terapia visite https://petpartners.org.

 

FUENTES

Sable, Pat. “The Pet Connection: An Attachment Perspective.” Clinical Social Work Journal 41, no. 1 (2013): 93–99.

Signal, Tania, Nik Taylor, Kathy Prentice, Maria McDade, and Karena J Burke. “Going to the Dogs: A Quasi-Experimental Assessment of Animal Assisted Therapy for Children Who Have Experienced Abuse.” Applied Developmental Science 21, no. 2 (2017): 81–93.

Stewart, Leslie A, Laura Bruneau, and Anna Elliott. “The Role of Animal-Assisted Interventions in Addressing Trauma-Informed Care,” VISTAS Online (2016).