Si usted trabaja con grupos de niños, usted tiene un poder especial en la construcción de una comunidad saludable que incluye un sentido de seguridad para los niños que sufren de la violencia en la comunidad. Su presencia cariñosa representa el poder, porque recuperarse de los efectos de la violencia, se centra en el análisis y el desarrollo de las relaciones humanas.

Es posible que los adultos no puedan decir: «Puedo mantenerte a salvo todo el tiempo por el resto de tu vida», pero usted sí puede ayudar a los niños a sentirse más seguros, más conectados y en más control en un momento dado. Por ejemplo, estas son algunas cosas que usted podría decirles tal vez en una reunión de grupo después de una situación violenta en la comunidad:

  • Estamos juntos en esto.
  • Las cosas malas que suceden no son culpa tuya.
  • Todos tus sentimientos son normales.
  • Cuando estás en una situación atemorizante, es normal sentir miedo.
  • Hay muchos y diferentes sentimientos. Los grandes sentimientos como la ira, el miedo y la tristeza son normales en algunas situaciones. Esos sentimientos no son malos; lo que importa es lo que hacemos con ellos.
  • Hay maneras de ayudarnos a nosotros mismos cuando enfrentamos momentos difíciles. Una forma de calmar los grandes sentimientos es respirar profundamente tres veces y enfocarse en cómo se mueve el vientre hacia adentro y hacia afuera.
  • Malas situaciones pueden suceder, pero siempre hay personas que nos ayudan.

Usar un enfoque informado sobre el trauma [trauma-informed] en su trabajo los beneficia a todos, porque también ayuda a personas que no han sufrido trauma. Comience por desarrollar su comprensión del estrés crónico que sufren los niños que viven con la amenaza de la violencia, y cómo puede eso conducir a una mala comprensión de las señales sociales. Por ejemplo, los niños que han presenciado o sufrido violencia tienen más probabilidades de interpretar las acciones de los demás como hostiles debido a la forma en que ellos «escanean el mundo».

El niño puede sentirse amenazado por la voz alta de un maestro incluso si el maestro no está enojado. El niño puede malinterpretar a un compañero que se le acerca corriendo porque quiere jugar y reacciona con miedo o agresión. Además, los problemas de conducta como poco control de los impulsos, los mordiscos, las patadas y los puñetazos pueden ser el efecto en el niño que presencia o vive en ambientes de violencia. La sensación generalizada de peligro dificulta las habilidades de autocontrol del niño porque carece de las estrategias necesarias para manejar positivamente sus emociones y comportamientos.

Usted puede dar ejemplos de habilidades socioemocionales saludables en cualquier momento. Por ejemplo, cuando esté frustrado puede demostrar calma: «Estoy tan frustrado que necesito descansar un rato o respirar profundo tres veces». Así demostrará cómo se manejan las emociones fuertes en vez de decir que las emociones fuertes son malas.

Cuando escuche sirenas de ambulancias dé ejemplos de empatía, compasión y esperanza al replantear la situación para usted y el grupo: «Cerremos los ojos y enviemos buenos deseos a quien esté herido o en peligro».

Los niños podrían sentirse incapaces ante los desafíos en su comunidad. Usted puede recordarles que cuando son amables con los demás, cuando ayudan, se turnan y usan palabras para expresar sus sentimientos están haciendo que nuestro mundo sea más seguro y tengamos paz.