La destreza del lenguaje en los niños se forma al hablar con muchas personas y en escucharlas hablar en diferentes contextos en el transcurso de un día. Las investigaciones han demostrado que las conversaciones con sus padres y otras personas cultivan el vocabulario de los niños, lo que les ayuda cuando aprenden formalmente a leer. 

Pero para muchos niños, esas conversaciones se acallaron durante los días de más aislamiento de la pandemia. Muchos nos desconectamos de amigos, familiares y comunidades. Y las comunidades de las aulas, guarderías y vecindarios son fuente de aprendizaje. Los niños de repente no contaron con las personas de su «círculo de cariño» que son maestros, especialistas en lectura, patólogos del habla y lenguaje, tutores, entrenadores, etc., durante un período crítico para el desarrollo cerebral. Los padres tuvieron que llenar ese vacío, y tal vez no todos pudieron hacerlo. 

Si pensamos en las conversaciones e interacciones como depósitos en el «banco del lenguaje» de los niños, es fácil ver que los depósitos de «fondos» importantes disminuyeron bruscamente. 

La buena noticia es que los cerebros de los niños son maleables y pueden recuperarse de circunstancias menos que ideales. Usted, como padre o cuidador cariñoso en la vida de sus pequeños, puede agregar un lenguaje instructivo en sus interacciones con ellos, incluso si esas interacciones sean solo por unos segundos. 

Aprender a leer es un proceso social. Léale cuentos durante el círculo de lectura en el aula de la primera infancia. La lectura ayuda a darle sentido al mundo y a nosotros mismos. Las conversaciones benefician al desarrollo del lenguaje de los niños, y en última instancia, a su éxito como lectores, de muchas maneras: 

  • ellos escuchan y aprenden nuevas palabras en contexto, 
  • están expuestos a oraciones más largas y más complejas que las que ellos mismos pueden producir, 
  • crean destrezas sociales y emocionales, entendiendo que otros tienen pensamientos y opiniones que difieren de las suyas. Este es el comienzo de la empatía. 
  • También aprenden qué temas son apropiados y cómo enfocarse en el tema.

Entonces, ¿cómo reiniciar y compensar lo que pudo haberse perdido? Se necesita un pueblo entero y los adultos que atienden a los niños (no solo los maestros) pueden participar para crear lectores exitosos. Vigorice su relación con los pequeños con preguntas abiertas basadas en lo que usted conoce de la vida del niño. Espere a que el niño responda (puede llevar más tiempo de lo que usted piensa), escuche con atención y alargue la conversación hablándole de sus propias ideas o preguntándole más sobre lo que ya han hablado. Déjele saber que su curiosidad es genuina. 

Por la mañana pregunte: 

  • ¿Qué esperas que suceda hoy? 
  • ¿Qué fue lo mejor que hiciste anoche? 
  • ¿Qué desayunaste hoy?

Durante el día diga por ejemplo, 

  • Ese juego parece ser divertido, ¿Cuáles son las reglas del juego? 
  • Parece que va a llover. ¿Qué es lo mejor de un día lluvioso? A mí me gusta acurrucarme cuando llego a casa.

Al final del día anime al niño a contarle a la familia lo que hizo durante el día.  

  • ¿Qué le contarías al tío Joe de lo que hiciste hoy?

El lenguaje hablado es la base de la lectoescritura. Sus palabras, y cuántas de ellas usa usted con los niños, tienen importancia. Cada conversación que usted tiene con el niño lo impacta en cómo aprende.