Algunas veces una enfermedad prolongada podría darle a la familia tiempo para enfrentar la posibilidad de la muerte. Otras veces la muerte de un ser querido viene de repente, como en el caso de un accidente o un suicidio. Cada situación debe ser abordada de manera diferente, dependiendo de las circunstancias.

Si el ser querido murió tras una prolongada enfermedad…
Puede ser que aún así no sea posible estar preparados para enfrentar la muerte. Surgen muchas emociones angustiosas. Después de que un ser querido muere, las familias podrían sentir que algunas cosas son ahora más fáciles para ellos. Es incluso normal que los niños se sientan mejor al no sentirse restringidos para hacer cosas que no podían hacer durante la enfermedad del padre.

Si es el ser querido sufre una muerte repentina…
No es inusual que los niños desarrollen temores sobre su protección personal o la del padre que está vivo. Si este es el caso, ayúdelos a expresar esos temores para que puedan superarlos y seguir adelante.

En el caso de suicidio…
Es importante enfatizar que la persona que murió estaba enferma. Podría decir: “El cerebro de tu papi no estaba sano y eso hizo que se sintiera confundido e hiciera algo que le causó la muerte. Esta es una enfermedad que no es contagiosa como lo es el resfriado”. Traten de enfocarse en los recuerdos positivos en vez de en cómo murió. Ayúdelos a que sean ellos los que decidan cuánta información desean compartir con otras personas y con quiénes. 

Si usted siente preocupación por el comportamiento de sus niños, busque ayuda profesional especialmente si usted teme que sus niños puedan hacerse daño a sí mismos o a otras personas.