Los niños pequeños expresan su curiosidad natural por el mundo que los rodea a través del tacto, olfato, vista, oído y gusto. Prestar atención a lo que sus sentidos les transmiten puede iniciar un intercambio y enseñar nuevas palabras. Esto puede suceder en cualquier lugar (en el autobús, al pasar frente a un restaurante, mientras prepara la cena), simplemente cada momento y lugar contiene una oportunidad para desarrollar el lenguaje.

¿Cómo lo sientes? A menudo, los niños aprenden a conocer el mundo a través del tacto. Deje que los niños toquen ciertas texturas. Luego, ayúdelos a identificarlas (“Tu suéter es muy suave” o “La alfombra es blandita”).

Respirar hondo. Cuando caminen por la calle, comente sobre los olores del mundo que los rodea (“Mmm… en la panadería el pan despide un olor fresco. ¿Lo hueles?”).

¿Ves lo que yo veo? Otra oportunidad para conversar es al mirar juntos por la ventana y comentar sobre lo que ven. (Los balbuceos, gorgoritos y gestos de los niños ¡también cuentan!).

Es cosa de gusto. Hablen sobre el sabor que sienten en la boca (“¿Es dulce esta jugosa sandía?”). Esto ayudará a los niños a desarrollar su vocabulario.

Sonidos por todas partes. ¡Escucha! Cuando salgan, hablen sobre los sonidos que oyen (“¿Oyes la bocina de los carros?”,“El viento causa el golpeteo de las ramas”). Ayudar a los niños a notar los sonidos es una gran manera de desarrollar destrezas auditivas.