Cada año, cinco millones de niños (de 0 a 18 años) en los Estados Unidos, o 1 en cada 30 niños, no tienen un hogar donde dormir. De ellos, aproximadamente 1.2 millones (casi la mitad) tienen menos de 6 años, lo que equivale a 1 en 18 niños menores de 6 años.

Frecuentemente, no hay suficientes recursos de refugios y otros servicios para servir al gran número de familias que necesitan un lugar permanente donde vivir, lo que hace más difícil responder a todas las necesidades de los niños, sobre todo con respecto a los efectos del trauma. Los maestros, al igual que otros proveedores, no cuentan con la información necesaria para ayudar a estos niños en sus programas. Los niños sin hogar atraviesan diferentes traumas, y recursos adicionales pueden apoyar a todo el que sirve a los niños y a sus familias.

Generalmente, cuando una familia experimenta inestabilidad de hogar también viven un “trauma detrás de otro”. Si  los adultos que los cuidan no consideran estos desafíos, los traumas pueden producir un estrés tóxico, depresión, ansiedad, dificultades para aprender, problemas de salud de larga duración y dificultades en la escuela.

A pesar de los desafíos implícitos, los niños y las familias pueden ser ingeniosos y mostrar resiliencia. La fuerza más estable en la vida de estas familias es el poder de las relaciones que tienen con adultos que los apoyan, como usted.

Usted puede darles un sentido de seguridad en los niños al repetir los siguientes mensajes:

  • Los sentimientos que tienes son normales.
  • Alguien cuidará de ti.
  • No es tu culpa; esto puede pasarle a cualquier persona.
  • Esta situación pasará.
  • Un “hogar” no es simplemente una casa o apartamento; un “hogar” es el sentirse seguro y querido.
  • Mucha gente está tratando de ayudar (trabajadores sociales; trabajadores asistentes sociales, maestros, proveedores de atención médica, entre otros).

Y usted puede hacerles saber a las familias lo siguiente:

  • Esta experiencia no significa que su niño sufrirá efectos negativos permanentes (ser “marcado” o “dañado”).
  • El auto-cuidado y un espíritu esperanzador son esenciales, igual que el “cuidado de la familia”: dar un paseo en la naturaleza, reírse o cantar canciones, acurrucarse bajo las sábanas, mantener algunas rutinas, entre otros.
  • Usted y su familia son fuertes, valientes y tienen resiliencia – solo por el hecho de levantarse cada día y por hacer el intento de cambiar la situación. Al mismo tiempo, es normal sentir enojo y estar triste.
  • Su situación actual – y calificarse de “sin hogar” – no les define ni como persona ni como familia. (Observa que muchas familias no se consideran sin hogar, sino que nombran otros factores tal como, “Estoy huyendo de violencia doméstica”, “Mi amiga me echó de su apartamento”, “Perdí el trabajo y nos desalojaron de casa”, entre otras razones.

Agradecimientos especiales para nuestro Consejo de Asesores:

Marsha Basloe, Presidenta, Child Care Services Association; antigua Senior Advisor de la  Office of Early Childhood Development, Administration for Children and Families, U.S. Department of Health and Human Services (HHS)

Claas Ehlers, Jefe ejecutivo, Family Promise

Alicia Horton, Directora ejecutiva, Thrive DC

Barbara Duffield, Directora ejecutiva, SchoolHouse Connection

Abra Lyons-Warren, Gerente principal de programas y política, The Council of Large Public Housing Authorities

Christine Murray, Ph.D., Directora, Guilford County Healthy Relationships Initiative

Patricia Rivera, Fundadora y Directora ejecutiva, Chicago HOPES for Children

Candice Stewart Fife, Directora de red, Family Promise of Bryan County, Inc.

Aurora Zepeda, Vice-Presidenta ejecutiva and Jefa de operaciones, Institute for Children and Poverty; Homes for the Homeless/HFH Summer Camps